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miércoles, 20 de mayo de 2009

Muchas gracias por la (s) advertencia (s), señor Samper.

Daniel Samper es un periodista reconocido en Colombia, y esta entrada al blog es un comentario acerca de una de sus últimas columnas la cual me ha parecid… ¡Momentito! ¿Que pasó? ¿Acaso ha cambiado el propósito inicial de este blog? ¿Ya no vamos a leer aquí sobre huesos viejos y cambios climáticos en tiempos remotos?

Daniel Samper Pizano.
¡Nada de eso! seguimos en la misma tónica. Pero que primero se me permita un momento para explicarme.

Hace ya unos días, el domingo 10 de mayo de 2009, aún entre sabanas, no del todo despierto y apenas comenzando a recuperar mi diezmada fisiología de los excesos ocurridos en la noche del sábado (estaba celebrando mi cumpleaños un poco después de tiempo: me dieron muy buenos regalos -gracias Ludwig-), estaba hojeando perezosamente la sección de opinión del periódico. Como todos los domingos, se encuentra de todo: desde cosas muy sensatas, pasando por la dosis de estupidez mediática (cortesía, claro está, de Maria Isabel esta chica es una joya), hasta el comentario del tema de moda y otras cosas.
Al principio, no me sorprendió el titulo de la columna de Daniel Samper: “nos aguarda la suerte del sapo”. Me imagine que era alguna cosa de la limpieza social establecida por los uribist…, paramil… digo palmicult… digo, por las denóminadas “bandas emergentes”. Pero al mirar el epigrafe (¿o subtitulo?) “El calentamiento global nos lleva a una catastrofe ya casi inevitable” mi atención, tan embotada por la resaca, se despertó (así tan solo haya sido un poco). Daniel Samper Pizano, nos ha advertido en varias ocasiones acerca de ciertos riesgos que acechan a la sociedad colombiana. Es usual que en estas tierras no se le haga mucho caso, pues su hermano expresidente se vio envuelto en un escándalo de corrupción, por allá cuando yo era apenas un preadolescente. La ironía es que hoy día la corrupción sea mas flagrante pero la indignación al respecto sea casi inexistente (no la falta de indignación de los políticos ni autoridades, hablo del ciudadano “de a pié” que elige en las urnas).
Sin atreverme a opinar mucho acerca de las otras advertencias, si me atrevo a opinar respecto a esta. ¿Por qué? Bueno, es que me tocó ciertas fibras sensibles de la práctica profesional. Y esas fibras sensibles son las que me mueven a escribir estas líneas.
Este es el sapo del que habla Samper. Y nos aguarda la misma suerte, es cierto.
El señor Samper comienza ilustrándonos el caso del sapo dorado de Costa Rica. Supongo que los lectores con cierto grado de conocimiento sobre historia natural lo conocen: se trata de una bella especie de sapo cuya paulatina extinción pudo ser registrada en el año 1988. La (ahora) obvia conexión con el deterioro ambiental y el proceso de cambio climático que estamos viviendo sale a relucir unas líneas después (no me puedo poner a contarles toda la columna: hagan el favor de leerla). Y se nos advierte sobre las funestas consecuencias de nuestro “chistecito” global. Solo pensar en cuantos puedan estar leyendo esas líneas me hizo batir palmas. Muy bien, señor Samper, se lució con el artículo y con la advertencia. Sin embargo, al andar un poco mas adelante sobre la lectura, aparece el pronóstico del tiempo a futuro, y aunque está “bien jalado”, la malinterpretación de la historia geológica es demásiado flagrante como para pasarla por alto:
“El calentamiento promedio del planeta se acerca a un grado, aunque en ciertas partes –los polos, por ejemplo – ha subido mas. Al llegar a dos grados sufrirán daños irreparables muchas especies, aumentarán deshielos, huracanes, diluvios y sequias. A partir de tres se desatará una reacción en cadena cuyo resultado casi inevitable será un remezón geológico, producto del calentamiento marino, que liberará del lecho oceánico una explosión de hidrato de metano diez mil veces superior que el arsenal nuclear mundial. Ya la Tierra conoce este fenómeno, pues hace 251 millones de años el llamado PETM (Máximo Termal (sic) del Palaoceno (sic)- Eoceno) borró el 95 por ciento de la vida en el planeta durante 10 millones de años”.
¿Agarraron el problema? Antes que lanzarse lanza en ristre contra los periodistas en catarsis incontenibles de "ñoñéz" y quejarse por la ineptitud de los medios (por ahí se han visto casos), yo prefiero reconocerle a este columnista el haber hecho un esfuercito por instruirse un poco mas que los demás. Después de todo, a este columnista le ha quedado claro que la Geología Histórica, la Biología Evolutiva y la Paleontología no son solamente unas actividades raras que practican unos “mancitos” raros que salen de cuando en cuando en la tele y que no se sabe de que viven, porque eso pa´ que carajos sirve. Estoy seguro que las historias del pasado remoto de la tierra ya no le parecen tan irrelevantes al señor Samper, y que eso de que “quien olvida su historia está obligado a repetirla” es válido también para la prolongadísima historia geológica.
De todo lo anterior saco la siguiente pregunta: ¿es la culpa solamente de los periodistas? ¿Estarán los académicos dedicando el tiempo suficiente a la divulgación adecuada? ¿A la adecuada transmisión del conocimiento que generan? ¿No serán también las “burradas” de las que muchos se quejan el resultado del aislamiento de nosotros los académicos? Quizás nos hemos encerrado demasiado en nuestra torre de marfil y nos hemos olvidado de contarles las cosas a los demás. A los “de a pié”.
Ahora sí, la explicación a los desaguisados del señor Samper. Se está confundiendo el evento de extinción masiva, hace unos 250 Millones de años, que marca el final del periodo Pérmico y el inicio del Periodo Triásico, conocida como límite P-T con el Máximo Térmico (no “termal”, esa vaina es anglicismo) del Paleoceno-Eoceno o PETM por sus siglas en inglés, que fue hace unos 50 Millones de años, mas o menos.
El episodio de extinción masiva del límite Pérmico-Triásico (P-T), fue cuando se liberaron de los fondos oceánicos grandes cantidades de metano y de compuestos tóxicos de azufre que se disolvieron en el agua. No señor Samper, no “explotaron” como arsenales nucleares o cosa similar: mas bien imagínese un mundo donde gran parte de los océanos en todo el mundo se desoxigena, se envenena y agarra un olorcillo más bien propio del río Bogotá. Gran parte de los océanos (mejor dicho, del enorme océano global que cubría todo lo que no era Pangea) se tornó tóxico y malsano para la mayoría de las formas de vida, por no hablar del desequilibrio climático en los ecosistemas terrestres (nada mas vea las noticias y se hará una idea). Los ecosistemas no recuperaron su complejidad inicial sino hasta después de unos 10 millones de años. No es que el 95% de la vida haya permanecido borrado durante todo ese tiempo, sino que ese fue el tiempo que les tomó a las formas de vida supervivientes para poder evolucionar de nuevo en muchas formas diferentes, hasta crear otra vez sistemas altamente complejos donde las formas de vida están estrechamente relacionadas entre si y con su entorno (piensen en cosas tales como las selvas tropicales o los arrecifes de coral de hoy). En el episodio del P-T el mundo entero se volvió tan monótono como en una finca ganadera donde todo lo que no sea vaca o pasto (o palma africana, para quienes gusten de una versión más contemporánea) acabe bajo el machete, cocinado, quemado o seco y colgado de la pared para servir de adorno. ¿O acaso han visto muchas clases de animales silvestres grandes, en gran abundancia, en alguna finca ganadera? La intoxicación de los océanos contribuyó a mantener la monotonía por largo tiempo. Imagínense: 10 millones de años de recuperación.

Paisaje de la extinción del P-T, dibujado por su servidor.
No se trata solo del límite entre dos periodos, es el límite que separa dos unidades más grandes de tiempo: la Era Paleozoica y la Era Mesozoica, cada una con su panoplia de bizarras formas de vida. Para hacernos a una idea, podemos ver las seriecillas de la BBC “paseando con” en “paseando con Monstruos” los televidentes podrán ver una recreación artística de lo que fue la era Paleozoica, la extinción del Pérmico-Triásico (P-T) y el inicio de la era Mesozoica. Para ver el PETM, hay que saltarse los 150 y tantos millones de años de “paseando con dinosaurios” (es decir, el resto de la era Mesozoica) y encontrarlo en el primer capítulo de “paseando con bestias” en el que los bosques subtropicales crecían en Europa. Por cierto, la Titanoboa es un poquito anterior al “clímax” del PETM, y, por cierto, todavía no sabemos bien que pasó en el trópico durante el máximo calentamiento global. Parece ser que en los trópicos muchas formas de vida perecieron o se retiraron a mayores latitudes por causa del calor. Alemania y Alaska eran cómodos paraísos donde había monos, cocodrilos y caballitos chiquititos en pantanos subtropicales. Por cierto, acaban de encontrar un primate muy completo en la mina de Messel, Alemania. No es de extrañar, ya habían aparecido allì otros menos completos y encontrar este era solo cuestión de tiempo. Y si, tambièn lo publicaron en PLoS one, es decir: ¡GRATIS!
Pero en fin, que más da, para el no iniciado en tanto nombre, época, millón de años o bicho la confusión es más bien fácil (si lee en inglés, este sitio puede ofrecer algo de ayuda, y este también). Ambos fueron periodos de extremo calentamiento global asociada a fenómenos de extinción (si bien la del P-T fue la más terrible de todas, y la del PETM no lo fue mucho que digamos). Hoy día es de gran relevancia el estudio geológico de estos dos episodios; pues ahora que la humanidad anda como loca buscando saber que es exactamente lo que se nos viene encima, la demanda de datos de los ambientes pasados con tengan el potencial de ayudar a hacer pronósticos está en aumento. Eso es bueno para el gremio, pues va a haber “platica” para los proyectos de investigación, aunque sea triste pensar que el interés que despierta todo esto no sea un deseo de la sociedad por aprender más, sino del temor que tiene ante el desastre que está por venir.
P.D. otra cosa que vale la pena resaltar de la columna de Daniel Samper es que ha demostrado mucho mejor conocimiento de los temas geológicos que ciertos tocayos suyos (léase: otros Danieles), mas duchos en el arte del esnobismo y la zalamería que en las ciencias naturales.