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martes, 16 de junio de 2009

Dibujar un Notoungulado, y luego salir (de ayudante) en la búsqueda de elusivos fósiles.

Hace un par de años, cuando viajé a Venezuela a fin de consultar algunas colecciones de cocodrilos fósiles (Cortesía de Orangel Aguilera y Carlos Jaramillo), una de las cosas que me dejó más satisfecho fue haber gastado sumas considerables de dinero en una fotocopiadora de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (UNEFM). Este gasto no solo me dejó con una maleta sobrecargada (y con el correspondiente dolor de espalda), sino que me proporcionó información sumamente valiosa que habría tardado mucho en conseguir, de haber renunciado a sacar tantas copias.
Entre las copias mas valiosas que obtuve se encuentra el “Tratado de Paleomastozoología” (Estudio de los mamíferos fósiles), escrito por Carlos de Paula Couto. Este libro ya no se consigue con facilidad, pues ya tiene sus años (1979). Sin embargo, a pesar de esto, me es de gran utilidad por varias razones. Primero que todo, tiene unas secciones con información básica sobre la morfología ósea y dental de los mamíferos. Esto es excelente si uno estudia reptiles con dientes cónicos y no tiene ni idea a quien pertenecen esos molares con crestas retorcidas. Por otro lado, al tratarse de un autor brasilero, hay un énfasis especial (y necesario) en las formas fósiles suramericanas.

El tratado de Paleomastozoología posa feliz junto con algunos de sus amigos.
Estoy seguro que muchos colombianos (muy probablemente otros latinoamericanos también, pero eso no me consta) no tienen ni idea de lo que ocurrió en Suramérica después de la desaparición de los dinosaurios. Parece ser que al comienzo (en el periodo conocido como Paleoceno), existieron conexiones entre Suramérica y Norteamérica, que permitieron la instalación de ciertos elementos de la fauna terrestre. Hubo otra conexión con la Antártida, a partir de la cual algunos elementos de la fauna Australiana alcanzaron Suramérica. Las conexiones desaparecieron pronto, lo que dejó a Suramérica aislada durante decenas de millones de años. Primero se desconectó Norteamérica, y millones de años mas tarde, la Antártida. Este último evento permitió la circulación de una corriente circumpolar fría, lo que exterminó los ecosistemas terrestres de la Antártida.
El “continente isla” de Suramérica fue el escenario de varios ensayos evolutivos únicos, que no se encontraban en otras partes del mundo. Los Xenartros, es decir, el grupo de los armadillos, perezosos y osos hormigueros, son un buen ejemplo. Los marsupiales suramericanos, de los cuales las chuchas o faras son los mas conocidos, desarrollaron varios linajes, entre los cuales se encuentran varias clases de carnívoros medianos a grandes, de los cuales el “marsupial dientes de sable” Tylacosmylus es quizás el mas popular.
Sin embargo, la mayoría de las rarezas mamiferianas de estirpe suramericana son varias clases de mamíferos vegetarianos con pesuñas, conocidos colectivamente como “meridiungulados”. No se sabe con certeza si todos proceden de los mismos ancestros, pero muy probablemente la mayoría de ellos se relacionan con formas norteamericanas. Los astrapoterios, de los que ya hablé en el primer post, son un ejemplo, otros son los piroterios, los litopternos, los xenungulados y los notoungulados. Trataremos estos grupos con mas profundidad en otra oportunidad. Los Notoungulados, el grupo de mamíferos con pesuñas suramericanos mas numeroso y exitoso, incluye desde formas del tamaño de un conejo hasta otras que pueden compararse con un rinoceronte negro en volumen. Entre los últimos en desaparecer y los más populares están los toxodontes, animales robustos con dientes de crecimiento continuo e incisivos agrandados, rasgo que recuerda a algunos roedores. Sin embargo, los toxodontes solían ser animales grandes, de tamaño comparable a las vacas, los búfalos o los rinocerontes. En Colombia se han hallado toxodontes en los departamentos del Huila, el Tolima y Cesar. El mas conocido es el Toxodon platensis del Pleistoceno de Argentina y otros países de Suramérica austral. El Toxodon hizo su debut en pantalla en la serie de ficción “parque prehistórico”. Aquí se han encontrado restos de los géneros Proadinotherium, Pericotoxodon (Mioceno) y Mixotoxodon (Pleistoceno).

Yo mismo he encontrado dientes de toxodontes (Pericotoxodon) en sedimentos del Mioceno del Valle del Magdalena. Aquí, el hallazgo de algunos dientes, que se encuentran ahora en el Museo Geológico del INGEOMINAS.
Los toxodontes han sido comparados con demasiada frecuencia con los hipopótamos, quizás por el hecho de poseer extremidades algo cortas y grandes dientes frontales. De hecho, mas o menos esa visión de los toxodontes es la que presenciamos en “Parque prehistórico”. Sin embargo, la presencia de adaptaciones especiales en la rodilla de estos animales sugiere que se trata de animales terrestres, habitantes de espacios abiertos. Aparentemente, las adaptaciones del cráneo y la dentadura de los toxodontes surgieron como respuesta al consumo de pastos, pero después les permitieron adaptarse a una dieta vegetariana mas generalista, es decir, podían consumir una amplia variedad de alimentos. Los últimos toxodontes desaparecieron hace unos 12000 años, en las famosas extinciones de la megafauna pleistocénica.


¿Son los toxodontes como hipopótamos? Pues no parece. Los toxodontes de “Parque Prehistórico”, tomando clases de natación. Noten la postura forzada del cuello.
Mi primera reconstrucción de un toxodonte fue esta, del Pericotoxodon platygnathus del periodo Mioceno medio de la fauna de La Venta. Este boceto se realizo para preparar la ilustración a color que realizamos con Jhon Freddy Umaña y que ahora puede verse en el Museo Geológico del INGEOMINAS en Bogotá. El cráneo de este animal se conoce casi en su totalidad, y para el cuerpo me basé en el esqueleto del conocido Toxodon platensis.

Pericotoxodon platygnathus, dibujado en 2006.
Sin embargo, el Pericotoxodon de Colombia tiene parientes mas próximos, también del Mioceno, con morfología (al menos craneal y dental) mas similar. El Nesodon del Mioceno inferior de Argentina es el mejor conocido. Afortunadamente en el libro de Paula Couto hay unas buenas ilustraciones del cráneo y el esqueleto de este animal. También hay una reconstrucción, que si la observan, mas bien hace pensar en un cruce contrahecho entre un oso y una oveja.

¿Son los notoungulados ositos? Tampoco me parece.
Mejor echémosle un vistazo al esqueleto. Salta a la vista que los miembros y el cuello son cortos, el cuerpo robusto y las espinas neurales de la columna vertebral son muy altas al comienzo de la espalda, sobre los hombros. Ahora hagamos una comparación entre este esqueleto y el de el rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis) del pleistoceno.
Hombros altos, patas cortas, cabezas grandes con incisivos prominentes… me suena, me suena conocido. El toxodonte es tomado del Tratado de Paleomastozoología de Paula Couto (1979); el rinoceronte, del libro de Agustí & Antón (2002).
Los toxodontes recuerdan mucho a los rinocerontes, tienen cuerpos robustos y jorobados con patas cortas, y suelen tener incisivos prominentes que utilizan en ocasiones como armas ofensivas (en particular el rinoceronte indio Rhinoceros) incluso hay un género (el Trigodon), que tiene una almohadilla de hueso similar a la que soporta el cuerno de los rinocerontes (que está hecho de pelo). Si alguien me consigue una foto decente del cráneo de Trigodon, le estaré muy agradecido. Echémosle ahora un vistazo a este pariente cercano del rinoceronte blanco. Es muy similar, cierto?

Un rinoceronte blanco fósil, del libro de Agustí & Antón (2002).
Teniendo estas similitudes en cuenta, me dispuse a realizar algunos bocetos del Nesodon, tomando el dibujo del esqueleto y “reacomodando” los huesos de los miembros y el cuello. No estoy seguro de que la columna vertebral del esqueleto esté correctamente articulada, pero de todos modos asumiré que sí. Mas bien cambiaré la postura de los huesos de manos y pies, para que articulen de modo mas similar a las del rinoceronte. Esto resulta en un esqueleto mas digitígrado que el de la reconstrucción original. Una vez más, puedo estar equivocándome, pero las pocas pesuñas de toxodonte que he podido examinar de primera mano me dejan la impresión de que se trata de una interpretación mas correcta. También reorganicé las vértebras del cuello, para dejar la cabeza en una posición similar a la de los rinocerontes. El esqueleto de la izquierda, en posición de forrajeo, recuerda mucho a un bisonte o un rinoceronte.
Los esqueletos reacomodados.
Sobre estos esqueletos realizo el boceto final del animal, teniendo en cuenta que las grandes espinas de la columna vertebral sobre los hombros deben haber alojado grandes músculos para sostener la pesada cabeza, que las manos y pies deben haber tenido almohadillas de tejido esponjoso como las de rinocerontes, hipopótamos o elefantes, y que el abdomen debe haber sido voluminoso, como el de todo buen vegetariano (si no me creen, échenle un vistazo a la vaca, caballo u oveja mas próximos). Con ustedes, mi versión de un toxodonte:
El boceto final del toxodonte Nesodon. Me cuentan por favor si les gusta.
El pelaje es una cuestión que no he resuelto del todo. Por el tamaño podría ser un pelaje corto como el de un búfalo cafre africano, pero también podría ser menos peludo, para no acalorarse tanto durante el óptimo climático del Mioceno.
En otras noticias, mi beca para el Smithsonian no fue aprobada, pero voy a volver a presentarme para la próxima convocatoria. He dejado desatendido este blog en lo que lleva del mes de junio, pues ando de asistente de campo para un equipo de especialistas del Smithsonian Tropical Research Institute y la Universidad de Florida, que buscan fósiles del Paleoceno en las rocas conocidas como formación Bogotá. Por ahora no es mucho lo que puedo contarles (so pena de un coscorrón institucional), solo que han aparecido muchas hojas y muy pocos huesos.

Carlos Jaramillo, Fabiany Herrera y otros, en trabajo de campo.

Aparecieron unos pocos huesos.
Otra cosa: ¿recuerdan mi escepticismo respecto a la estimación de temperatura con el tamaño de Titanoboa, la serpiente gigante? Pues bien, pronto vendrán mas comentarios de otros acerca del método de estimación de temperatura. Una pista: ¡estos comentarios no aparecerán en los blogs!
Referencias.
Agustí, J. & Antón, M. 2002., Mammoths, sabertooths, and hominids: 65 million years of mammalian evolution in Europe. Columbia University Press. New York.
MacFadden, B. J., 2005. Diet and habitat of toxodont megaherbivores (Mammalia, Notoungulata) from the late Quaternary of South and Central America. Quaternary Research 64, 113 – 124
 Paula Couto
, C. 1979. Tratado de Paleomastozoología. Academia Brasileira de Ciências. Rio de Janeiro.
Shockey, B.J., 2001. Specialized knee joints in some extinct, endemic, South
American herbivores. Acta Paleontologica Polonica 46, 277–288.