martes 14 de julio de 2009

¡Celebrando! Y recomendando.

Después de cuatro semanas como asistente de campo, me ha llegado una buena noticia. Finalmente ha sido publicado el libro “Urumaco and Venezuelan Paleontology: The Fossil Record of the Northern Neotropics”. La cuestión con el libro es que soy uno de los autores del capítulo 10, titulado: “Fossil Crocodylians from Venezuela, in the Context of South American Faunas”. Se trata de una revisión de los géneros de cocodrilos fósiles del periodo Mioceno, encontrados en la región de Urumaco, al Norte de Venezuela. Los mismos géneros se han hallado en depósitos de edad similar la amazonía de Perú y Brasil, y lo mas importante, también en Colombia, mas concretamente en el Valle Superior del Río Magdalena, en los departamentos del Huila y el Tolima.


Por supuesto, este capítulo incluye una discusión sobre el caimán gigante Purussaurus, incluyendo información acerca de su tamaño.

Como se podrán imaginar, me siento muy contento, pues esta es mi primera publicación científica “en serio”. Anteriormente había presentado una que otra cosita en forma de resumes de congreso, pero esto es realmente mas relevante tanto para el curriculum (léase: para que me acepten en un programa de postgrado) como para hacerme mas “visible” en la esfera académica.

El lector mas crítico podrá preguntarse: “¿se estará luciendo este tipo?” a lo cual me permito responder: “Pues si señor, porque estoy muy contento y quiero que lo sepa todo el mundo”.

Y antes de que sea demasiado tarde, la exhibición “Dinosaurios de la Patagonia” ha regresado a Bogotá. Me enteré después de un tiempo, pero si les interesa ir, es en el centro comercial Plaza Imperial, en la avenida Suba con Avenida Cuidad de Cali. Y la exhibición va hasta el 22 de Julio, así que quedan pocos días.

No se la pierdan

Si no les queda tiempo para ir y se quedaron con las ganas de observar esqueletos montados, no se afanen, que en los días que vienen les mostraré algunos recomendados que podrán encontrar aquí en Bogotá.



Para la muestra un botón. ¿Le pudieron ubicar los ojos?

martes 16 de junio de 2009

Dibujar un Notoungulado, y luego salir (de ayudante) en la búsqueda de elusivos fósiles.

Hace un par de años, cuando viajé a Venezuela a fin de consultar algunas colecciones de cocodrilos fósiles (Cortesía de Orangel Aguilera y Carlos Jaramillo), una de las cosas que me dejó más satisfecho fue haber gastado sumas considerables de dinero en una fotocopiadora de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (UNEFM). Este gasto no solo me dejó con una maleta sobrecargada (y con el correspondiente dolor de espalda), sino que me proporcionó información sumamente valiosa que habría tardado mucho en conseguir, de haber renunciado a sacar tantas copias.

Entre las copias mas valiosas que obtuve se encuentra el “Tratado de Paleomastozoología” (Estudio de los mamíferos fósiles), escrito por Carlos de Paula Couto. Este libro ya no se consigue con facilidad, pues ya tiene sus años (1979). Sin embargo, a pesar de esto, me es de gran utilidad por varias razones. Primero que todo, tiene unas secciones con información básica sobre la morfología ósea y dental de los mamíferos. Esto es excelente si uno estudia reptiles con dientes cónicos y no tiene ni idea a quien pertenecen esos molares con crestas retorcidas. Por otro lado, al tratarse de un autor brasilero, hay un énfasis especial (y necesario) en las formas fósiles suramericanas.

El tratado de Paleomastozoología posa feliz junto con algunos de sus amigos.

Estoy seguro que muchos colombianos (muy probablemente otros latinoamericanos también, pero eso no me consta) no tienen ni idea de lo que ocurrió en Suramérica después de la desaparición de los dinosaurios. Parece ser que al comienzo (en el periodo conocido como Paleoceno), existieron conexiones entre Suramérica y Norteamérica, que permitieron la instalación de ciertos elementos de la fauna terrestre. Hubo otra conexión con la Antártida, a partir de la cual algunos elementos de la fauna Australiana alcanzaron Suramérica. Las conexiones desaparecieron pronto, lo que dejó a Suramérica aislada durante decenas de millones de años. Primero se desconectó Norteamérica, y millones de años mas tarde, la Antártida. Este último evento permitió la circulación de una corriente circumpolar fría, lo que exterminó los ecosistemas terrestres de la Antártida.

El “continente isla” de Suramérica fue el escenario de varios ensayos evolutivos únicos, que no se encontraban en otras partes del mundo. Los Xenartros, es decir, el grupo de los armadillos, perezosos y osos hormigueros, son un buen ejemplo. Los marsupiales suramericanos, de los cuales las chuchas o faras son los mas conocidos, desarrollaron varios linajes, entre los cuales se encuentran varias clases de carnívoros medianos a grandes, de los cuales el “marsupial dientes de sable” Tylacosmylus es quizás el mas popular.

Sin embargo, la mayoría de las rarezas mamiferianas de estirpe suramericana son varias clases de mamíferos vegetarianos con pesuñas, conocidos colectivamente como “meridiungulados”. No se sabe con certeza si todos proceden de los mismos ancestros, pero muy probablemente la mayoría de ellos se relacionan con formas norteamericanas. Los astrapoterios, de los que ya hablé en el primer post, son un ejemplo, otros son los piroterios, los litopternos, los xenungulados y los notoungulados. Trataremos estos grupos con mas profundidad en otra oportunidad. Los Notoungulados, el grupo de mamíferos con pesuñas suramericanos mas numeroso y exitoso, incluye desde formas del tamaño de un conejo hasta otras que pueden compararse con un rinoceronte negro en volumen. Entre los últimos en desaparecer y los más populares están los toxodontes, animales robustos con dientes de crecimiento continuo e incisivos agrandados, rasgo que recuerda a algunos roedores. Sin embargo, los toxodontes solían ser animales grandes, de tamaño comparable a las vacas, los búfalos o los rinocerontes. En Colombia se han hallado toxodontes en los departamentos del Huila, el Tolima y Cesar. El mas conocido es el Toxodon platensis del Pleistoceno de Argentina y otros países de Suramérica austral. El Toxodon hizo su debut en pantalla en la serie de ficción “parque prehistórico”. Aquí se han encontrado restos de los géneros Proadinotherium, Pericotoxodon (Mioceno) y Mixotoxodon (Pleistoceno).




Yo mismo he encontrado dientes de toxodontes (Pericotoxodon) en sedimentos del Mioceno del Valle del Magdalena. Aquí, el hallazgo de algunos dientes, que se encuentran ahora en el Museo Geológico del INGEOMINAS.


Los toxodontes han sido comparados con demasiada frecuencia con los hipopótamos, quizás por el hecho de poseer extremidades algo cortas y grandes dientes frontales. De hecho, mas o menos esa visión de los toxodontes es la que presenciamos en “Parque prehistórico”. Sin embargo, la presencia de adaptaciones especiales en la rodilla de estos animales sugiere que se trata de animales terrestres, habitantes de espacios abiertos. Aparentemente, las adaptaciones del cráneo y la dentadura de los toxodontes surgieron como respuesta al consumo de pastos, pero después les permitieron adaptarse a una dieta vegetariana mas generalista, es decir, podían consumir una amplia variedad de alimentos. Los últimos toxodontes desaparecieron hace unos 12000 años, en las famosas extinciones de la megafauna pleistocénica.





¿Son los toxodontes como hipopótamos? Pues no parece. Los toxodontes de “Parque Prehistórico”, tomando clases de natación. Noten la postura forzada del cuello.


Mi primera reconstrucción de un toxodonte fue esta, del Pericotoxodon platygnathus del periodo Mioceno medio de la fauna de La Venta. Este boceto se realizo para preparar la ilustración a color que realizamos con Jhon Freddy Umaña y que ahora puede verse en el Museo Geológico del INGEOMINAS en Bogotá. El cráneo de este animal se conoce casi en su totalidad, y para el cuerpo me basé en el esqueleto del conocido Toxodon platensis.


Pericotoxodon platygnathus, dibujado en 2006.


Sin embargo, el Pericotoxodon de Colombia tiene parientes mas próximos, también del Mioceno, con morfología (al menos craneal y dental) mas similar. El Nesodon del Mioceno inferior de Argentina es el mejor conocido. Afortunadamente en el libro de Paula Couto hay unas buenas ilustraciones del cráneo y el esqueleto de este animal. También hay una reconstrucción, que si la observan, mas bien hace pensar en un cruce contrahecho entre un oso y una oveja.




¿Son los notoungulados ositos? Tampoco me parece.


Mejor echémosle un vistazo al esqueleto. Salta a la vista que los miembros y el cuello son cortos, el cuerpo robusto y las espinas neurales de la columna vertebral son muy altas al comienzo de la espalda, sobre los hombros. Ahora hagamos una comparación entre este esqueleto y el de el rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis) del pleistoceno.



Hombros altos, patas cortas, cabezas grandes con incisivos prominentes… me suena, me suena conocido. El toxodonte es tomado del Tratado de Paleomastozoología de Paula Couto (1979); el rinoceronte, del libro de Agustí & Antón (2002).

Los toxodontes recuerdan mucho a los rinocerontes, tienen cuerpos robustos y jorobados con patas cortas, y suelen tener incisivos prominentes que utilizan en ocasiones como armas ofensivas (en particular el rinoceronte indio Rhinoceros) incluso hay un género (el Trigodon), que tiene una almohadilla de hueso similar a la que soporta el cuerno de los rinocerontes (que está hecho de pelo). Si alguien me consigue una foto decente del cráneo de Trigodon, le estaré muy agradecido. Echémosle ahora un vistazo a este pariente cercano del rinoceronte blanco. Es muy similar, cierto?


Un rinoceronte blanco fósil, del libro de Agustí & Antón (2002).


Teniendo estas similitudes en cuenta, me dispuse a realizar algunos bocetos del Nesodon, tomando el dibujo del esqueleto y “reacomodando” los huesos de los miembros y el cuello. No estoy seguro de que la columna vertebral del esqueleto esté correctamente articulada, pero de todos modos asumiré que sí. Mas bien cambiaré la postura de los huesos de manos y pies, para que articulen de modo mas similar a las del rinoceronte. Esto resulta en un esqueleto mas digitígrado que el de la reconstrucción original. Una vez más, puedo estar equivocándome, pero las pocas pesuñas de toxodonte que he podido examinar de primera mano me dejan la impresión de que se trata de una interpretación mas correcta. También reorganicé las vértebras del cuello, para dejar la cabeza en una posición similar a la de los rinocerontes. El esqueleto de la izquierda, en posición de forrajeo, recuerda mucho a un bisonte o un rinoceronte.


Los esqueletos reacomodados.

Sobre estos esqueletos realizo el boceto final del animal, teniendo en cuenta que las grandes espinas de la columna vertebral sobre los hombros deben haber alojado grandes músculos para sostener la pesada cabeza, que las manos y pies deben haber tenido almohadillas de tejido esponjoso como las de rinocerontes, hipopótamos o elefantes, y que el abdomen debe haber sido voluminoso, como el de todo buen vegetariano (si no me creen, échenle un vistazo a la vaca, caballo u oveja mas próximos). Con ustedes, mi versión de un toxodonte:




El boceto final del toxodonte Nesodon. Me cuentan por favor si les gusta.


El pelaje es una cuestión que no he resuelto del todo. Por el tamaño podría ser un pelaje corto como el de un búfalo cafre africano, pero también podría ser menos peludo, para no acalorarse tanto durante el óptimo climático del Mioceno.

En otras noticias, mi beca para el Smithsonian no fue aprobada, pero voy a volver a presentarme para la próxima convocatoria. He dejado desatendido este blog en lo que lleva del mes de junio, pues ando de asistente de campo para un equipo de especialistas del Smithsonian Tropical Research Institute y la Universidad de Florida, que buscan fósiles del Paleoceno en las rocas conocidas como formación Bogotá. Por ahora no es mucho lo que puedo contarles (so pena de un coscorrón institucional), solo que han aparecido muchas hojas y muy pocos huesos.

Carlos Jaramillo, Fabiany Herrera y otros, en trabajo de campo.


Aparecieron unos pocos huesos.

Otra cosa: ¿recuerdan mi escepticismo respecto a la estimación de temperatura con el tamaño de Titanoboa, la serpiente gigante? Pues bien, pronto vendrán mas comentarios de otros acerca del método de estimación de temperatura. Una pista: ¡estos comentarios no aparecerán en los blogs!
Referencias.

Agustí, J. & Antón, M. 2002., Mammoths, sabertooths, and hominids: 65 million years of mammalian evolution in Europe. Columbia University Press. New York.

MacFadden, B. J., 2005. Diet and habitat of toxodont megaherbivores (Mammalia, Notoungulata) from the late Quaternary of South and Central America. Quaternary Research 64, 113 – 124

Paula Couto
, C. 1979. Tratado de Paleomastozoología. Academia Brasileira de Ciências. Rio de Janeiro.

Shockey, B.J., 2001. Specialized knee joints in some extinct, endemic, South
American herbivores. Acta Paleontologica Polonica 46, 277–288.

viernes 22 de mayo de 2009

Darwinus: y el tortuoso camino que separa la academia de la gente común.

(Una explicación acerca de los alborotos que se han desatado alrededor de Darwinius masillae)

No me gusta mucho ponerme a hablar del último descubrimiento que sale en las noticias y en los periódicos, porque todo el mundo hace una reseña de lo mismo y, además de ser redundante, lo que escriba al respecto va a perderse en un mar de opiniones. Me parece mas recomendable escribir acerca de algún tema bien conocido académicamente, pero desconocido para el ciudadano promedio (Si ud. lee en inglés, un maravilloso espacio de este tipo puede encontrarse aquí). Y, más importante, pecaría por falta de originalidad. Por esa razón me he resistido a escribir mucho sobre dinosaurios, de modo particular si se trata de alguna forma emplumada proveniente de China. Sin embargo, me he decidido a pronunciarme acerca del nuevo primate descubierto en el yacimiento de Messel, Alemania, llamado Darwinius masillae. Me tardé un poco mas, pues primero que todo tenía que leer el artículo original, y antes que eso, debía dedicarme a lecturas mas prioritarias.

El Yacimiento de Messel es uno de los fossil-lagerstätten mas conocidos del mundo. Un fossil-lagerstätten es un yacimiento fosilífero cuyas condiciones de formación han hecho posible una preservación excepcional de los restos de los organismos, no solamente las usuales partes duras, sino también partes blandas como pelos, plumas, incluso en ocasiones también ojos y vísceras. Pero no esperen encontrar plumas sedosas ni ojos azules saliendo de las rocas. En realidad la preservación de las partes blandas suele deberse a la acción de bacterias que descomponen lentamente los restos en ausencia de oxigeno (si, muchas bacterias sobreviven en ausencia de oxígeno, incluso el oxígeno es letal para muchas de ellas). Los fósiles de Messel son sencillamente hermosos. Hay peces, tortugas y cocodrilos, perfectamente articulados, en ocasiones con los restos de sus últimas comidas. Ya quisiéramos muchos encontrar a nuestros fósiles objeto de estudio tan bien preservados y ofreciéndonos tanta información. También han aparecido varios tipos de vertebrados difíciles de encontrar en yacimientos “usuales”, principalmente formas arborícolas que viven en bosques cerrados. Esto incluye pajaritos y algunos mamíferos de bosque, incluyendo primates, por supuesto.



Un pariente pequeñin de los caballos. ¿Ya les dije que estos fóslies eran muy bonitos?

Otros primates provenientes de los mismos depósitos habían sido descritos anteriormente, pero se conocían por restos mucho más incompletos, a diferencia de los roedores, los carnívoros y los caballos, conocidos por esqueletos completos. Hace tiempo, ya había asumido que solo era cuestión de tiempo para encontrar un esqueleto igual de completo, razón por la cual el descubrimiento de Darwinus no me parece nada inusual. Es mas, el esqueleto había sido hallado en 1983, cuando yo ni siquiera tenía idea de la existencia de Messel (pues nací en ese año), y pasó por las manos de traficantes de fósiles antes de que las dos mitades (izquierda y derecha) del fósil fueran a parar a diferentes propietarios. Una terminó en el “Wyoming Dinosaur Center”, en Estados Unidos y la otra en el Museo de Historia Natural de la Universidad de Oslo, Noruega, que la compró en el año 2007. La parte que terninó en los Estados Unidos estaba mas incompleta, y varias de sus partes fueron falsificadas para hacer creer que se trataba de un espécimen mucho mas completo. La porción conservada en Noruega si se encuentra mucho mas completa, y permitió establecer que se trataba de otra porción del mismo ejemplar que se encuentra en estados Unidos.




Como otros esqueletos provenientes de Messel, Darwinius masillae es un ejemplar sorprendente y hermoso. Sin embargo, se ha exagerado su importancia y los medios de comunicación han contribuido en gran medida a esto. Sin embargo, la responsabilidad no recae solamente en los medios.

Como el esqueleto está muy bien preservado, se pueden discernir varios detalles de su biología. Primero que todo, se trata de un primate pequeño, de unos 400-600 gramos (es decir, alrededor de una libra). El patrón de erupción (salida) de sus dientes, con algunos de leche y otros definitivos brotando al mismo tiempo, sugiere que se trata de un ejemplar juvenil, recientemente destetado por su madre, pero que no había llegado aún a la edad reproductiva. La forma en que se produce la muda dental es también mas parecida a la de los primates actuales que crecen con gran rapidez, lo que indica que muy probablemente Darwinius también era de desarrollo rápido (lo que bajo otro punto de vista, es de esperar, pues los animales mas pequeños tienen tasas de desarrollo mas rápidas y periodos de vida mas breves). Lo que parecen ser restos de contenidos estomacales solo contienen material identificable como vegetal, y ningún rastro de insectos u otros animales pequeños. Según los autores, esto es un indicio de que las proteínas en la dieta de este primate provenían mas de las hojas que de los insectos. Las proporciones de sus miembros son mas similares a las de primates trepadores que a las de los saltadores (saltadores como Zaboo-mafoo, por ejemplo), lo que indica que no realizaba saltos largos de rama en rama sino que mas bien era un trepador pequeño, como los monos titís de nuestros bosques.

Otra cosa: como el ejemplar carece de un báculo, o “hueso peneano”, es decir, el hueso que tienen muchos mamíferos machos (eso incluye a nuestros perros y gatos domésticos) en sus genitales, y que se ha encontrado en varios de los primates fósiles del periodo Eoceno, se piensa que es una hembra. Es mas, le han llamado “Ida”, y así ha aparecido el descubrimiento en las noticias.

Ahora vamos a dirigirnos al asunto del alboroto, comenzando por la relación de este esqueleto con la evolución de nosotros, los monos bípedos-no-arborícolas-sin-mucho-pelo y los otros monos. Si desea ser mas purista: entiéndase que por “mono” me refiero a “primate antropoideo”, mas exactamente, monos, micos, macacos, babuinos, simios y algunas aberraciones bípedas terrestres, sin incluir a los gálagos y a Zaboo-Mafoo, que son primates pero no antropoideos. En el artículo, los autores parecen haber sido claros respecto al énfasis que van a poner en la filogenia de este ejemplar.

“Our focus here is on morphology and paleobiology, but the skeleton has interest for primate phylogeny as well. The skeleton’s features clarify morphologies that have been given critical weight in primate phylogeny, and call into question accepted wisdom about the origin of higher primates.”

“Aquí nos enfocamos en la morfología y paleobiología, pero el esqueleto es también de interés para la filogenia de los primates. Las características del esqueleto clarifican morfologías a las que se ha dado un valor crítico en la filogenia de los primates, y cuestionan el conocimiento aceptado acerca del origen de los primates superiores.”

Con “el conocimiento aceptado acerca del origen de los monos superiores” los autores se refieren al punto concreto del desarrollo de los primates respecto al cual Darwinius es relevante. No es, por supuesto, que se trate de un “eslabón perdido”. Es mas, ese concepto del siglo XIX debería ser abandonado en el lenguaje de la divulgación científica. Para arcaicismos podemos dejar a los católicos con sus dogmas, sus cismas, transubstanciaciones, asunciones y otras supersticiones primitivas. La desafortunada retención del término “eslabon perdido” en la cultura popular, junto con la ignorancia (y el hecho de estar presionados a decirlo todo de manera sensacionalista, explosiva y rimbombante) de los periodistas, hacen que cada vez que se descubre algo en el registro fósil, se le llame “eslabón perdido” de ese modo, queridísimo lector, espero que no de deje engañar a la próxima. La evolución de los simios bípedos de sabana (de los cuales somos la única especie que queda) es un fenómeno de los últimos 5 millones de años. Como Darwinius tiene unos 47 Millones de años, entonces el asunto relevante a este hallazgo no es el origen del hombre.

Mas bien, el asunto es el origen de los “primates superiores” es decir: los monos (adhiéranse por favor al concepto de “mono” proporcionado con anterioridad), pues no está claro cuales de los otros primates (Zaboo-Mafoo y compañía, conocidos como “prosimios” en los libros mas viejos) son los parientes mas cercanos de nosotros, los monos. Me explico. Los primates no monos que aún viven hoy se pueden agrupar en dos divisiones principales. Los estrepsirrinos (los lémures y formas relacionadas) tienen labios partidos y narices más similares a las de otros mamíferos como los roedores y los perros. Los haplorrinos, tienen “narices simples” y labios sin división. Los haplorrinos inclyen a los Tarseros y a los monos. Hay varias diferencias, y dos de ellas están relacionadas con el cuidado personal. La primera, Zaboo-Mafoo y los demás estrepsirrinos tienen los incisivos (los dientes que se encuentran por delante de los caninos o “colmillos”) de la mandíbula superior delgados y puntiagudos, formando una especie de “peine” que en efecto utilizan como tal. Otra diferencia está en la uña del dedo índice del pié, que en los estrapsirrinos es una garra utilizada para acicalarse.

Hasta este punto solo hemos considerado las formas actuales, ahora vamos a los fósiles. Darwinius, junto con otros géneros como Adapis, Pseudoloris, Europolemur, Notharctus y otras formas, se conocen colectivamente como “Adapoideos”. Varios de estos primates recuerdan lejanamente a los lémures y otras formas al tener hocicos relativamente alargados, en lugar de las caras chatas que nos caracterizan a muchos primates de hoy. La opinión “aceptada acerca del origen de los primates superiores.” Es que los estrepsirrinos modernos son derivados de los adapoideos, y que los haplorinos, es decir, los traseros y los monos, son descendientes de otro grupo, los Omomidos, que también se conoce del Eoceno. Según los autores del artículo, Darwinius es un Adapoideo, bien cercano a otras formas como Notharctus, y aún mas, se ubica en un subgrupo conocido como los cercamoninos. Sin embargo, el hecho de que Darwinius sea un ejemplar tan completo, nos ilustra un poco acerca de las relaciones entre varios grupos de primates. Darwinius no tiene una garra de acicalamiento, que si aparece en Europolemur, otro primate del Eoceno de Europa. Esto indicaría que la separación estrepsirrinos-haplorrinos (Léase: separación lémures-[tarseros+monos]) ya habría ocurrido en el Periodo Eoceno. Los autores sugieren que los adapoideos pueden ser haplorrinos, como el tarsero y como todos los monos (incluido el que escribe estas líneas), y que debería reconsiderarse la visión clásica que relaciona a los Adapoideos con los Lémures (los estrepsirrinos) y a los Omomidos con los monos. Es decir, que quizás algunos adapoideos estén en el linaje ancestral de los traseros (tarsioideos) y los monos (primates antropoides):


Adapoideos vs. Omomidos

“Al considerar a los adapoideos como Haplorrinos, como lo son los Tarsioideos, se ayuda a explicar porque los representantes mas tempranos de ambos grupos son tan similares y a veces se confunden. Notese que Darwinius masillae, y los adapoideos contamporaneos de los tarsioideos tempranos, pueden representar un grupo tronco a partir del cual evolucionaron los primates antropoideos posteriores, pero no estamos defendiendo este punto de vista aquí, y tampoco consideramos a Darwinius o a los Adapoideos como antropoides”

“Consideration of adapoids to be Haplorhini, as tarsioids are, helps to explain why the earliest representatives of both groups are so similar and sometimes confused. Note that
Darwinius masillae, and adapoids contemporary with early tarsioids, could represent a stem group from which later anthropoid primates evolved, but we are not advocating this here, nor do we consider either Darwinius or adapoids to be anthropoids.”

Sin embargo, los autores no hacen un análisis cladístico riguroso del espécimen, solamente tienen en cuenta las sinapomorfías relevantes y presentan un cladograma simplificado a modo de hipótesis propuesta, la cual tendrá que ser revisada cuando el análisis se realice. Esto ha provocado algunas críticas respecto al artículo, que ha sido calificado de “publicación hecha a las carreras”. La conclusión si es demasiado apresurada, pues pretenden mover toda una filogenia (es decir, todo un arbol genealógico) con una sola especie, sin considerarla junto a las demás en un análisis completo. Una segunda publicación que se enfoque en el análisis cladistico va a ofrecer nuevas luces (o mas dudas, como bien lo saben los sistemáticos) acerca de las relaciones de Darwinius y de los grandes grupos de primates. Para cólmo de males, resulta que la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoologica no reconoce como oficial una nueva especie si esta no ha sido publicada en un articulo de una revista cientifica seria con un tiraje de -no me acuerdo cuantas- copias. Mas sobre este problemita, aquí. La verdad, mis deseos de publicar en PLoS han disminuido un tanto despues de todo esto.

Un problema mayor aún, y el que ha desencadenado todo el alboroto, es toda la parafernalia de publicidad que se ha desplegado alrededor del hallazgo. Se publicó un libro, y un documental, y una campaña publicitaria que anunciaban el hallazgo como el “que iba a cambiarlo todo”, parece que también habrá un video y hasta Google puso al animalito en su logo, de modo que si uno hacía click, lo enviaba a los resultados de buscar… ¡“Missing link” (eslabón perdido)! Como si la insensatez de turno no fuera suficiente, observen lo que dice uno de los autores (se lo dijo al New York Times):

“Cualquier banda de pop esta haciendo lo mismo,” diji Jorn H. Hurum, un cientìfico en la Universidad de Oslo quien adquiriò el fósil y convocó el equipo de científicos que lo estudiaron. “Cualquier altleta está haciando lo mismo. Tenemos que pensar a pensar del mismo modo en ciencia.”

Any pop band is doing the same thing,” said Jorn H. Hurum, a scientist at the University of Oslo who acquired the fossil and assembled the team of scientists that studied it. “Any athlete is doing the same thing. We have to start thinking the same way in science.”

Esto si que me irrita y me ofende. Señor Hurum, su frase es un paso mas hacia la “Idiocracia” (si, como en la película). Tanto sensacionalismo ha desencadenado una avalancha de desinformación de la que vamos a tardar años en deshacernos. Cuando habla de “pensar del mismo modo en ciencia” se le olvida el funesto impacto que el “marketing” y la moda han impuesto sobre todos los aspectos de las actividades humanas. Disentía de tomar las furibundas reacciones de “El Paleofreak” acerca de los titulares de la prensa, pero ahora pienso que está en todo su derecho. Lo mejor es que incluso ha comenzado a reconocer la responsabilidad del sector académico en estos desaguisados.

Referencias.

Fleagle JG (1999) Primate adaptation and evolution, second edition. San Diego:
Academic Press. 528 p.

Franzen JL, Gingerich PD, Habersetzer J, Hurum JH, von Koenigswald W, et al. (2009) Complete Primate Skeleton from the Middle Eocene of Messel in
Germany: Morphology and Paleobiology. PLoS ONE 4(5): e5723. doi:10.1371/journal.pone.0005723

miércoles 20 de mayo de 2009

Cuando vaya a la Villa, échele un vistazo a la Valla.

Esta entrada del blog la hago simplemente para mostrarles algunos de los últimos trabajos gráficos en los que participé durante los seis meses que trabajé en el Museo Paleontológico de la Universidad Nacional de Colombia en Villa de Leyva, que próximamente será el Centro de Historia Natural de la Universidad.




Con Carlos Echavarría y Jiovani Suarez.


Esta Valla, ubicada aproximadamente en el Km. 3 de la vía que conduce a Tunja, se pintó en el tiempo record de 3 días y medio. Prácticamente todo el personal del Museo colaboró de un modo u otro.







Aquí con Marcela Chaves y con Jiovani Suarez.




Carlos Echavarría y Jiovani Suarez.


Aquí pueden verse un par de reconstrucciones de organismos paleozoicos exhibidos en el Museo. Dos trilobites bolivianos del orden Phacopida y un graptolite, un tipo muy extraño de organismo colonial, el Didymograptus fisheri. Si desean ver las piezas originales en vivo y en directo, no olviden pasar por el Museo Paleontológico de Villa de Leyva, a 1,5 Kilómetros por la vía que conduce a Arcabuco. Es realmente muy cerca, durante los seis meses que viví en Villa de Leyva, caminaba todos los días desde el otro extremo del pueblo hasta el museo y por las tardes hacía también el camino de vuelta. ¿Va en carro? Es también muy fácil llegar, ya sea por la circunvalar de Villa de Leyva (para ir en carro) o por la salida que se encuentra un poco al norte de la plaza central (mucho mas corta, para los que van a pie).



Trilobites reconstruidos. Espero que les gusten.



Mi especulativa reconstrucción de Didymograptus fisheri



Nota: Acabo de descubrir que he sido citado, la mala noticia es que no fue en un “peer reviewed Journal” sino en Wikipedia. Igual no importa, dentro de poco sale mi capítulo de libro del que habrá mas noticias pronto.

Muchas gracias por la (s) advertencia (s), señor Samper.

Daniel Samper es un periodista reconocido en Colombia, y esta entrada al blog es un comentario acerca de una de sus últimas columnas la cual me ha parecid… ¡Momentito! ¿Que pasó? ¿Acaso ha cambiado el propósito inicial de este blog? ¿Ya no vamos a leer aquí sobre huesos viejos y cambios climáticos en tiempos remotos?




Daniel Samper Pizano.


¡Nada de eso! seguimos en la misma tónica. Pero que primero se me permita un momento para explicarme.

Hace ya unos días, el domingo 10 de mayo de 2009, aún entre sabanas, no del todo despierto y apenas comenzando a recuperar mi diezmada fisiología de los excesos ocurridos en la noche del sábado (estaba celebrando mi cumpleaños un poco después de tiempo: me dieron muy buenos regalos -gracias Ludwig-), estaba hojeando perezosamente la sección de opinión del periódico. Como todos los domingos, se encuentra de todo: desde cosas muy sensatas, pasando por la dosis de estupidez mediática (cortesía, claro está, de Maria Isabel esta chica es una joya), hasta el comentario del tema de moda y otras cosas.

Al principio, no me sorprendió el titulo de la columna de Daniel Samper: “nos aguarda la suerte del sapo”. Me imagine que era alguna cosa de la limpieza social establecida por los uribist…, paramil… digo palmicult… digo, por las denóminadas “bandas emergentes”. Pero al mirar el epigrafe (¿o subtitulo?) “El calentamiento global nos lleva a una catastrofe ya casi inevitable” mi atención, tan embotada por la resaca, se despertó (así tan solo haya sido un poco). Daniel Samper Pizano, nos ha advertido en varias ocasiones acerca de ciertos riesgos que acechan a la sociedad colombiana. Es usual que en estas tierras no se le haga mucho caso, pues su hermano expresidente se vio envuelto en un escándalo de corrupción, por allá cuando yo era apenas un preadolescente. La ironía es que hoy día la corrupción sea mas flagrante pero la indignación al respecto sea casi inexistente (no la falta de indignación de los políticos ni autoridades, hablo del ciudadano “de a pié” que elige en las urnas).

Sin atreverme a opinar mucho acerca de las otras advertencias, si me atrevo a opinar respecto a esta. ¿Por qué? Bueno, es que me tocó ciertas fibras sensibles de la práctica profesional. Y esas fibras sensibles son las que me mueven a escribir estas líneas.


Este es el sapo del que habla Samper. Y nos aguarda la misma suerte, es cierto.

El señor Samper comienza ilustrándonos el caso del sapo dorado de Costa Rica. Supongo que los lectores con cierto grado de conocimiento sobre historia natural lo conocen: se trata de una bella especie de sapo cuya paulatina extinción pudo ser registrada en el año 1988. La (ahora) obvia conexión con el deterioro ambiental y el proceso de cambio climático que estamos viviendo sale a relucir unas líneas después (no me puedo poner a contarles toda la columna: hagan el favor de leerla). Y se nos advierte sobre las funestas consecuencias de nuestro “chistecito” global. Solo pensar en cuantos puedan estar leyendo esas líneas me hizo batir palmas. Muy bien, señor Samper, se lució con el artículo y con la advertencia. Sin embargo, al andar un poco mas adelante sobre la lectura, aparece el pronóstico del tiempo a futuro, y aunque está “bien jalado”, la malinterpretación de la historia geológica es demásiado flagrante como para pasarla por alto:

“El calentamiento promedio del planeta se acerca a un grado, aunque en ciertas partes –los polos, por ejemplo – ha subido mas. Al llegar a dos grados sufrirán daños irreparables muchas especies, aumentarán deshielos, huracanes, diluvios y sequias. A partir de tres se desatará una reacción en cadena cuyo resultado casi inevitable será un remezón geológico, producto del calentamiento marino, que liberará del lecho oceánico una explosión de hidrato de metano diez mil veces superior que el arsenal nuclear mundial. Ya la Tierra conoce este fenómeno, pues hace 251 millones de años el llamado PETM (Máximo Termal (sic) del Palaoceno (sic)- Eoceno) borró el 95 por ciento de la vida en el planeta durante 10 millones de años”.

¿Agarraron el problema? Antes que lanzarse lanza en ristre contra los periodistas en catarsis incontenibles de "ñoñéz" y quejarse por la ineptitud de los medios (por ahí se han visto casos), yo prefiero reconocerle a este columnista el haber hecho un esfuercito por instruirse un poco mas que los demás. Después de todo, a este columnista le ha quedado claro que la Geología Histórica, la Biología Evolutiva y la Paleontología no son solamente unas actividades raras que practican unos “mancitos” raros que salen de cuando en cuando en la tele y que no se sabe de que viven, porque eso pa´ que carajos sirve. Estoy seguro que las historias del pasado remoto de la tierra ya no le parecen tan irrelevantes al señor Samper, y que eso de que “quien olvida su historia está obligado a repetirla” es válido también para la prolongadísima historia geológica.

De todo lo anterior saco la siguiente pregunta: ¿es la culpa solamente de los periodistas? ¿Estarán los académicos dedicando el tiempo suficiente a la divulgación adecuada? ¿A la adecuada transmisión del conocimiento que generan? ¿No serán también las “burradas” de las que muchos se quejan el resultado del aislamiento de nosotros los académicos? Quizás nos hemos encerrado demasiado en nuestra torre de marfil y nos hemos olvidado de contarles las cosas a los demás. A los “de a pié”.

Ahora sí, la explicación a los desaguisados del señor Samper. Se está confundiendo el evento de extinción masiva, hace unos 250 Millones de años, que marca el final del periodo Pérmico y el inicio del Periodo Triásico, conocida como límite P-T con el Máximo Térmico (no “termal”, esa vaina es anglicismo) del Paleoceno-Eoceno o PETM por sus siglas en inglés, que fue hace unos 50 Millones de años, mas o menos.

El episodio de extinción masiva del límite Pérmico-Triásico (P-T), fue cuando se liberaron de los fondos oceánicos grandes cantidades de metano y de compuestos tóxicos de azufre que se disolvieron en el agua. No señor Samper, no “explotaron” como arsenales nucleares o cosa similar: mas bien imagínese un mundo donde gran parte de los océanos en todo el mundo se desoxigena, se envenena y agarra un olorcillo más bien propio del río Bogotá. Gran parte de los océanos (mejor dicho, del enorme océano global que cubría todo lo que no era Pangea) se tornó tóxico y malsano para la mayoría de las formas de vida, por no hablar del desequilibrio climático en los ecosistemas terrestres (nada mas vea las noticias y se hará una idea). Los ecosistemas no recuperaron su complejidad inicial sino hasta después de unos 10 millones de años. No es que el 95% de la vida haya permanecido borrado durante todo ese tiempo, sino que ese fue el tiempo que les tomó a las formas de vida supervivientes para poder evolucionar de nuevo en muchas formas diferentes, hasta crear otra vez sistemas altamente complejos donde las formas de vida están estrechamente relacionadas entre si y con su entorno (piensen en cosas tales como las selvas tropicales o los arrecifes de coral de hoy). En el episodio del P-T el mundo entero se volvió tan monótono como en una finca ganadera donde todo lo que no sea vaca o pasto (o palma africana, para quienes gusten de una versión más contemporánea) acabe bajo el machete, cocinado, quemado o seco y colgado de la pared para servir de adorno. ¿O acaso han visto muchas clases de animales silvestres grandes, en gran abundancia, en alguna finca ganadera? La intoxicación de los océanos contribuyó a mantener la monotonía por largo tiempo. Imagínense: 10 millones de años de recuperación.


Paisaje de la extinción del P-T, dibujado por su servidor.

No se trata solo del límite entre dos periodos, es el límite que separa dos unidades más grandes de tiempo: la Era Paleozoica y la Era Mesozoica, cada una con su panoplia de bizarras formas de vida. Para hacernos a una idea, podemos ver las seriecillas de la BBC “paseando con” en “paseando con Monstruos” los televidentes podrán ver una recreación artística de lo que fue la era Paleozoica, la extinción del Pérmico-Triásico (P-T) y el inicio de la era Mesozoica. Para ver el PETM, hay que saltarse los 150 y tantos millones de años de “paseando con dinosaurios” (es decir, el resto de la era Mesozoica) y encontrarlo en el primer capítulo de “paseando con bestias” en el que los bosques subtropicales crecían en Europa. Por cierto, la Titanoboa es un poquito anterior al “clímax” del PETM, y, por cierto, todavía no sabemos bien que pasó en el trópico durante el máximo calentamiento global. Parece ser que en los trópicos muchas formas de vida perecieron o se retiraron a mayores latitudes por causa del calor. Alemania y Alaska eran cómodos paraísos donde había monos, cocodrilos y caballitos chiquititos en pantanos subtropicales. Por cierto, acaban de encontrar un primate muy completo en la mina de Messel, Alemania. No es de extrañar, ya habían aparecido allì otros menos completos y encontrar este era solo cuestión de tiempo. Y si, tambièn lo publicaron en PLoS one, es decir: ¡GRATIS!

Pero en fin, que más da, para el no iniciado en tanto nombre, época, millón de años o bicho la confusión es más bien fácil (si lee en inglés, este sitio puede ofrecer algo de ayuda, y este también). Ambos fueron periodos de extremo calentamiento global asociada a fenómenos de extinción (si bien la del P-T fue la más terrible de todas, y la del PETM no lo fue mucho que digamos). Hoy día es de gran relevancia el estudio geológico de estos dos episodios; pues ahora que la humanidad anda como loca buscando saber que es exactamente lo que se nos viene encima, la demanda de datos de los ambientes pasados con tengan el potencial de ayudar a hacer pronósticos está en aumento. Eso es bueno para el gremio, pues va a haber “platica” para los proyectos de investigación, aunque sea triste pensar que el interés que despierta todo esto no sea un deseo de la sociedad por aprender más, sino del temor que tiene ante el desastre que está por venir.

P.D. otra cosa que vale la pena resaltar de la columna de Daniel Samper es que ha demostrado mucho mejor conocimiento de los temas geológicos que ciertos tocayos suyos (léase: otros Danieles), mas duchos en el arte del esnobismo y la zalamería que en las ciencias naturales.

lunes 4 de mayo de 2009

Un salón de trofeos (II)

Antes de pasar a temas mas serios, y como lo prometido es deuda, aquí tenemos la segunda parte del video con la "sala de trofeos" creada para el video juego "Trespasser".



domingo 3 de mayo de 2009

El profesor Gingerich, la "protoballena" preñada, y la publicación abierta.

Recientemente, Philip Gingerich, de la universidad de Michigan, junto con varios colaboradores, han reportado el hallazgo de un nuevo cetáceo basal, o en otras palabras: un miembro arcáico, "primitivo" del grupo al que pertenecen nuestras modernas ballenas y delfines. El Maiacetus inuus es inusual pues se trata de los esqueletos de una madre y un feto no nacido en su interior. La cabeza de la cría "apunta" hacia atrás de la madre, y en eso radica el "bombazo" de este hallazgo: los ancestros costeros semiacuáticos de las ballenas daban a luz como los mamíferos terrestres, casi con toda seguridad en tierra.

Sin embargo, el hallazgo no me ha puesto a pensar tanto por lo inusual del hallazgo. Despues de todo, Gingerich ha estudiado la evolución temprana de las ballenas y ha buscado esta clase de restos por décadas. Tampoco la orientación "inusual" del feto, ya que las ballenas son muy próximas a los artiodáctilos (los cuales nacen "cabeza primero"), no es de extrañar que en alguna etapa basal los cetáceos nacieran igual, antes de desarrollar su patrón de nacimiento "cola primero".

Lo que mas me llama la atención es que Gingerich haya publicado sus resultados no en Science o en Nature, ni en Journal of Vertebrate Paleontology sino en PLoS one. En cualquiera de aquellas prestigiosas publicaciones le habrían aceptado semejante primicia (seamos serios, no es algo que se encuentra todos los días), sin embargo, prefirió hacerlo en este journal el cual es relativamente nuevo y (mas importante) de acceso abierto. Si, si, esto quiere decir que el artículo original puede ser descargado aquí.



¡GRATIS! ¡GRAAAAAATIS!


Resulta que los journals científicos prestigiosos suelen ser muy quisquillosos a la hora de recibir manuscritos, y algunos incluso cobran a los autores una suma (que en ocasiones puede ser mas bien elevada) por publicar. Solo las personas con suscripción a la revista o la base de datos digital correspondiente (es decir, a los lectores también les cobran) pueden accesar esta información. Esto implica que el acceso a la información necesariamente depende de la disponibilidad económica, así como la capacidad de publicar en un espacio prestigioso y "visible", el cual llamará rápidamente la atención de la comunidad academica.






La portada de Science de 1983, con la reconstrucción (que ahora sabemos es errónea) de Pakicetus.



Sin embargo, publicar en estos espacios "abiertos", donde el trabajo una vez publicado esta disponible para todos (que si, que para ustedes también, aquí, AQUI!) sin que le cobren a uno nada por ello, es una opción viable, y si personajes tan importantes como el profesor Gingerich están publicando hallazgos tan inusuales en fuentes abiertas, me parece que es un buen indicio acerca de la tendencia actual en las publicaciones científicas. Igual la cuestión parece conveniente, uno publica gratis y obtiene mas difusión, gratis también, pues todo el mundo puede acceder gratis a la información.

Por cierto, despues de dejar este escrito en el blog, pienso descargar las instrucciones para autores de PLoS one y de PLoS biology. ¿Ustedes, mis queridos lectores, que opinan?

Para saber mas: Gingerich PD, ul-Haq M, von Koenigswald W, Sanders WJ, Smith BH, et al. 2009 New Protocetid Whale from the Middle Eocene of Pakistan: Birth on Land, Precocial Development, and Sexual Dimorphism. PLoS ONE 4(2): e4366. doi:10.1371/journal.pone.0004366